Pregúntale a cualquiera que trabaje como defensor de la ley y te podrá afirmar que un caso siempre sobresale de entre todos los demás. Quizá tuvieron que recurrir a algo que nunca creyeron que harían, quizá tenían sus dudas acerca de los resultados, o quizá el caso simplemente no fue cerrado.

Después de treinta y ocho años en la unidad de crímenes especiales, sé cuál es mi caso destacado. El número que se le asignó fue 89-1-00-316-5, y no me preguntes cuánto tiempo me tomó antes de poder recitarlo. Diecinueve niños desaparecieron en el transcurso de dos años. El público estaba aterrado, y con buen motivo. Aún puedo recordar algunos de los reportajes sobre mantener a salvo a tus hijos por la noche.

La peor parte de este caso que se ha grabado en mi memoria fueron los correos. Alrededor de una semana después del primer secuestro, la estación de policía recibió un correo extraño de una cuenta descartable. No llevaba ningún título o contenido, solo un archivo de video. La pobre secretaria que fue la primera en verlo profirió un grito escalofriante, del tipo que te hace temblar hasta la médula. Era el niño desaparecido, ensangrentado y torturado. Una vez que el video se envió a mi departamento para ser analizado, pudimos determinar que el niño seguía con vida, pero solamente eso. La grabación del cuarto era demasiado tenue y de muy mala calidad como para distinguir la ubicación, y el bastardo enfermo que estaba grabando nunca habló ni mostró su cuerpo.

Esto se convirtió en la insignia del caso. Cada secuestro era seguido por un correo de una nueva cuenta descartable que contenía un video de la víctima. A veces se podía ver a un niño de un video pasado, sugiriendo que los niños no estaban siendo asesinados. Eso no me entusiasmó demasiado, porque según lo que podíamos ver en los videos, la muerte habría sido un alivio del infierno en el que estaban atrapados.

Diecinueve videos de niños torturados más tarde, y el departamento finalmente tenía suficiente evidencia para hacer un arresto: un hombre marginado llamado Paul Spector. A pesar de la pobre calidad de video, hubo tomas que fueron emparejadas fácilmente con áreas de su sótano. También se encontró herramientas que el equipo forense dijo que podían ser utilizadas para infligir las mismas heridas en los niños, y Paul no tenía ninguna coartada, dado que vivía solo, desempleado y sin ninguna familia de la cual ocuparse. Su sentencia fue una vida en prisión, y apenas fue capturado, los secuestros acabaron al igual que los correos. Pero nunca encontramos los cuerpos, y él lo sigue negando todo hasta este día.

Saco el tema del caso 89-1-00-316-5, mucho tiempo después de mi jubilación, porque hoy recibí un correo nuevo. Tenía adjuntado el video de una toma panorámica de diecinueve cuerpos sucios, ensangrentados y de complexión frágil; hombres y mujeres encadenados entre sí dentro de un cuarto sórdido de concreto.