Mi padre y yo compartíamos un amor por las películas de terror. No siempre nos llevábamos bien, pero congeniábamos entre los vampiros, zombies y asesinos psicópatas enmascarados. Especialmente los zombies.

Desde una edad temprana, me enseñó satíricamente que debía tener un plan de contingencia viable para el apocalipsis zombie. Me compró mi primer y único rifle. Me enseñó a cazar en el bosque. Aún conservo ese rifle y lo limpio ocasionalmente, pero la única razón para tenerlo era el apocalipsis inminente.

Tenía un sótano repleto de comidas enlatadas y municiones para el rifle. Suficiente agua. También había accesorios para acampar y tablones de madera para clavarlos en las ventanas. Calculé que podría vivir ahí por un año o más si tuviera que, pero obviamente había hecho planes más grandes que ese.

Una vez que la primera oleada terminara, saldría a buscar otros sobrevivientes en mi camioneta equipada, cargando tantas provisiones como pudiera. Mi motosierra estaba permanentemente en la parte trasera, así que si todo comenzaba cuando no estaba en casa, aún podría regresar a salvo. Sería uno de esos protagonistas que comandan un grupo de sobrevivientes.

Cuando el Día Z en verdad llegó, resultó que estaba fuera de mi casa.

Y cuando llegué, mis vecinos estaban esperándome para matarme. No, no se habían transformado. Pero habían visto cinco niñas muertas desenterrándose de las tumbas superficiales en mi patio. Aún podían reconocer a Cindy, cuya fotografía había estado en postes de luz y cartones de leche durante las últimas tres semanas.


  • queria que ellas fueran las primeras en querer comerle el cerebro :v