Lo repitió con más fuerza:

—¿Sabían que hay cinco litros y medio de sangre en una persona promedio?

Samantha lo vio con asco, y apartó la mirada.

Roberto era un niño jodidamente raro. Ninguno de nosotros éramos amigos de él, y ni siquiera le prestábamos atención, así que nos sorprendió ver su cuerpo grasiento sentado en nuestra mesa. Su flequillo sin lavar cubría su frente, pero un manchón grande de acné aún era visible. Sus anteojos pequeños hacían que sus ojos se vieran como si estuvieran salidos de sus cuencas.

—No te puedes sentar aquí —le dije, y Carlos se rio por la franqueza de mi comentario. Roberto olía a mierda pura. Era insoportable ahora que lo tenía sentado frente a mí. Se levantó riendo, como si fuera uno de nosotros. No era uno de nosotros.

Pensamos que ese iba a ser el final de Roberto, y nadie mencionó el asunto hasta que se volvió a sentar en nuestra mesa al día siguiente.

—¿Sabían que morir por una puñalada en realidad toma varios minutos? —Y entonces señaló a Samantha—. Tú morirías rápido. —Se carcajeó incómodamente y todos se le quedaron viendo, confundidos.

—Vete a la mierda —le dijo Carlos—. Estás loco. Vete a la mierda de una vez.

Roberto solo lo miró fijamente y luego alzó la voz:

—¿Asustado?

Se levantó y se fue. Le dije a un profesor lo que Roberto había estado diciendo, y me dijo que hablaría con él al respecto. Pero, enhorabuena, Roberto había vuelto a nuestra mesa al día siguiente.

—¿Sabían que-

Carlos lo tiró de su asiento. Su cuerpo regordete golpeó el suelo y sus anteojos se rompieron con el impacto. Nadie defendió a Roberto. Todos sabían que era un enfermo.

Roberto se levantó de nuevo con su nariz sangrando como un grifo.

—¡Noooo me puedes heriiiir! —chilló, ruborizado.

Mi amigo lo empujó de nuevo y lo alejó de nuestra mesa. Roberto siguió retrocediendo hasta que chocó con otro grupo de estudiantes. Se levantó, con su ropa embarrada de sangre y comida, y se fue corriendo.

No me sentí mal ni por un segundo. Era un completo imbécil, y todos sabíamos que iba a regresar buscando pelea. Movimos nuestra mesa hacia una esquina de la cafetería, y esperamos. Cuando Roberto regresó, inmediatamente empezó a caminar hacia nuestro nuevo puesto.

Mierda, fue un plan sencillo, pero creímos que podría funcionar.

—¿Sabían que la actividad cerebral puede continuar hasta diez minutos después de la muerte? —dijo, y volvió a señalar a Samantha—. A ti te sonreiría durante esos diez minutos.

—¿Sabías que si vuelves a decir otra mamada como esa te vamos a dar una paliza? —lo confronté; Carlos y yo nos pusimos de pie. Roberto se alejó, riéndose.

Todos esperamos que ese sería el final de Roberto, y afortunadamente lo fue. Una semana más tarde, sacaron a Samantha del río. Toda la evidencia indicaba que Roberto la había asesinado.

Pero, a fin de cuentas, hay que dar crédito cuando hay que darlo.

Realmente nos tomó varios minutos matar a Samantha.

  • Eso si fue venganza hacia Roberto 🤷‍♀️

  • De algo sirvieron las notas informativas del Roberts

  • Siempre hay que comprobar los datos interesantes que te da el nerd del salón

  • Esa curiosidad juvenil ja ja, poniendo a prueba lo que escuchas por ahí.

  • Sabia que pasaria algo así.
    Declaro que es de mis favoritas.

  • Mmm solo puedo pensar en que Roberto intentó por cada medio que podía iniciar una conversación y lo único que logró fue darles ideas a esos rufianes

  • Que desagradable DX supongo que Roberto picó su curiosidad lo suficiente? DX excelente historia como siempre!

  • adoro las creepys cuya ultima linea te Cambia todo el panorama que tenias en mente <3

  • Será que ya sabía y solo les estaba avisando? Pobre Samantha