Mis piernas y torso están atados por una sucesión de tiras de cuero abrochadas. La máscara me permite respirar, pero no puedo abrir la boca. Mis brazos están inmovilizados desde mis codos y muñecas. Lo único que mis manos pueden alcanzar es el candado digital que cuelga por mi cintura.

Lo cierro con un clic. Estamos listos para el despegue.

Cierro mis ojos y me concentro. Recuerdo cuando estreché su mano. Esa es la clave, no funciona a menos que exista contacto físico previo; nunca he comprendido por qué. Ella nos presentó en la fiesta navideña del trabajo (a la que me obligó a ir). Me pareció un sujeto suficientemente agradable. Recuerdo haber bromeado con que ellos dos serían una pareja muy guapa.

¡Concéntrate! Recuerda estrechar su mano… recuerda su rostro… concéntrate en el rostro… encuentra el rostro… Ahí está. Lo tengo.

Una corriente familiar estremece mi cuerpo, y cuando abro los ojos, ya no estoy amarrado a la mesa. Estoy sentado.

—¿Te encuentras bien? —me pregunta ella—. ¡Pareció que te ibas a desmayar!

Luz de velas. Comedor. Filetes, patatas al horno, brócoli, vino tinto. Un hombre cocinó esto. Qué romántico.

Acostumbrarme a un nuevo cuerpo siempre es un asunto incómodo durante el primer minuto. Así que no me levanto de inmediato. En cambio, la miro y sonrío.

—No, estoy bien. Solo… me perdí por un segundo. Lo siento, en verdad estoy bien.

Ella se retrae ligeramente ante el sonido de mi voz irregular, así que tomo su mano y le ofrezco una sonrisa que no me devuelve del todo. Se ve preocupada. Recuerdo bien esa mirada.

Me pongo de pie con cautela y camino detrás de su silla; su media sonrisa persiste, sus ojos me siguen, y entonces se cierran. Coloco mis manos sobre sus hombros, masajeándolos, y ella suspira con aprobación. Me inclino lentamente para envolverla con mis brazos. Pegando mi mejilla contra la suya, puedo sentir su sonrisa. Tiene los ojos cerrados. Le susurro:

—Te amo.

Ella inhala profundamente. Felizmente.

Agarro el cuchillo para carne y lo entierro en el lado izquierdo de su cuello, rajando su garganta tan fuerte como puedo. Se desploma sobre la mesa y se drena. Prefiero no mirar. Tiro el cuchillo sobre la mesa. Tengo el lujo de no tener que preocuparme por la escena del crimen.

Salgo del apartamento. Bajo las escaleras y troto por el vestíbulo. Afuera está nevando levemente. Doblo a la derecha. Me toma unos minutos encontrar una patrulla. Sonrío y alzo mis manos húmedas.

—¡Hola! ¡Acabo de matar a mi novia!

Me doy la vuelta con las manos en mi espalda. Cuando las esposas se aprietan en mis muñecas, cierro mis ojos y pienso con fuerza en mi habitación. Las rodillas me fallan.

Soy iluminado por una luz familiar. Mis brazos y pecho me duelen, seguramente porque intentó romper las ataduras. Joder… realmente lo intentó. No me sorprende, habiendo despertado aquí súbitamente, amarrado, sin poder hablar. Pero aun así… joder.

Espero que no esté disfrutando el arresto. Marco la combinación que abre el candado, liberándome al mismo tiempo de las tiras de cuero. Me quito la máscara y bajo la mesa del soporte en la pared.

Mientras guardo la mesa en el ático, comienzo a ensayar para la función de mañana.


  • Hola, damos cursos de proyeccion Astral, de posesion y de te a las 5.

  • Me gustaría conocer la reacción del hombre el día en el que ya no pueda regresar

  • Qué tantos crímenes no ha hecho, este hombre privilegiado

  • esta se ha convertido en mi historia favorita después de Penpal, jesús.

  • Me recordó tanto a Altered Carbón. ¡Que tremendo :D!

  • Es un show muy interesante… No le interesa un conejillo de indias para practicar, estoy buscando trabajo: 3

  • Me encantó cuando menciona lo del chico tratando de desamarrarse y dice Joder! como si alguien en esa situación no haría lo mismo. Ojalá para la próxima elija a la persona incorrecta y ésta ame arrancarse partes del cuerpo u odie sus tumores y trate de morderlos, sólo así no podrá salir de su propia prisión.