La semana pasada, até una soga dentro del armario. Desde entonces, la he contemplado cada mañana, preguntándome si ese será el día que encontraré el coraje para usarla.

Escucho a mi esposa acomodándose en la cama detrás de mí, y regreso la soga a su escondite en el estante superior, entre cajas de zapatos que contienen recuerdos de mejores días.

Cierro la puerta y salgo hacia el trabajo sin despedirme. Ya es algo habitual. Hace cuatro años, cuando nos mudamos a nuestro hogar, realmente éramos felices. Se sentía como si nunca nos quedaríamos sin temas de conversación o cosas que aprender del otro. Fue hace dos años cuando las peleas comenzaron, a menudo acabando en duelos de gritos, muy para el disgusto de nuestros vecinos. Una noche se puso tan mal que llamaron a la policía. Nuestra vecina de al lado reportó haber escuchado a mi esposa diciendo que me cortaría la garganta, y creyó que era más que una amenaza vacía cuando nos vio por la ventana de la cocina y ella sostenía un cuchillo.

Pero este último año no ha habido gritos. Tampoco ha habido muchas conversaciones. Es como si fuéramos dos fantasmas ocupando la misma casa, ignorantes de la presencia del otro.

Ya no puedo seguir así. Hoy, en mi camino a casa, decido que esta noche no me echaré atrás. Me detengo en la licorería, algo casi rutinario. La botella de vino está medio vacía para cuando me estaciono en la acera de la casa. Mi esposa está en la mesa del comedor; no me voltea a ver cuando entro.

—Sé que no eres feliz —empiezo a decirle—. Ninguno de los dos podría serlo, viviendo así. Por más que quiera regresar a como las cosas eran en el principio… sé que no podemos —Me estoy poniendo sentimental, pero sigo, y le pido—: Me preguntaba si querías tomar una copa esta noche, una última vez, como solíamos hacerlo.

Finalmente alza la mirada y me contesta asintiendo. No se ve triste. Más bien, se ve apática. Como si definitivamente no estuviera interesada en mi existencia. Regreso a la cocina con dos copas de vino llenas con lo que queda de mi compra. Me siento y levanto mi copa. Ella no me devuelve el gesto y se termina su copa en dos tragos.

Me tomo mi tiempo. Después de todo, es la última vez que beberé con mi esposa. Para cuando he terminado, ella ya ha caído inconsciente con su cabeza sobre la mesa. La cargo por las escaleras, al igual que en nuestra noche de bodas. Saco la soga de su escondite, la amarro en su cuello, y la dejo ir.


  • Estoy estudiando medicina y a veces me toca hacer guardias de noche, Esto ya me dió miedo 😨

  • Eso realmente fue inesperado por otro lado parece más como un caso de defensa propia Espero que su siguiente esposa no lo aburra tanto

  • ¿¡Quieres acabar con un matrimonio fallido!?
    ¡Ven a terror en minutos y encontrarás la respuesta!.
    Facil. Seguro. Efectivo.

    Garantizado :v.

  • Me pongo a pensar que fue lo que debió de haber pasado y como toco fondo para asesinar a la persona que mas amaba.

  • Es terrible cuando algo bonito deja de funcionar

  • Ya lo veía venir… Un divorcio es más caro que unos metros de cuerda y un cajón 🙂

  • En muchas ocasiones llega un punto de ruptura psicológica en el que muchos matrimonios ven con odio a su pareja ya que piensan que es esta quien les impide ser libre y felices. Pero aquí es mejor que el divorcio express. Aunque al inicio pareciera un suicida miedoso termina siendo un homicida. 😱😊

  • Pero en la autopsia se verá qué estaba intoxicada. V:

  • es mas facil asi, dejarlos ir y sentarnos a pensar en los buenos monentos