La choza de la vidente llegó con el resto de la feria. Aquel verano estábamos al borde de la adultez, y nos lo pasamos comprando cerveza con el dinero de nuestros trabajos en comida rápida. Las filas eran largas y las personas estaban impacientes y acaloradas; nadie quería verificar identidades, así que bebimos con libertad esa semana.

Avivados por las cervezas frías y el calor de verano, Pedro dirigía el camino. Jessica y yo íbamos tomados de la mano detrás de él. El olor de pastel de embudo en el aire era casi tan dulce como para hacerme ignorar que Jess había correspondido el coqueteo previo de Pedro. Sabía desde hace tiempo que habían estado cogiendo a mis espaldas, y planeaba cortar la relación pronto.

Pedro se emocionó cuando vio la choza. El letrero de afuera decía «Se lee la suerte» con un ojo grande pintado bajo las palabras. Comentó arrogantemente «si mejor aceptaría una verga gruesa» como pago mientras abría la cortina de la choza.

La feria se calló apenas pusimos un pie en el interior. La música distante, la risa de la multitud y el rugido de las atracciones no existían más allá de la cortina. Miré alrededor, preguntándome si era posible que una habitación fuera más grande por el interior que por el exterior.

—Hola. —Ella estaba sentada detrás de un escritorio en el extremo opuesto de la choza; artefactos tribales adornaban la pared a sus espaldas—. ¿Han venido a que les lea su suerte?

Pedro resopló.

—Claro, mi amor. Quiero saber lo que tú y yo haremos esta noche.

—Tres dólares.

Pedro y Jess se rieron a carcajadas.

—Eres barata, amor —dijo Pedro.

—Siéntate.

Sacó un mazo de cartas en blanco y las barajó frente a Pedro.

—Para descubrir lo que esta noche tiene guardado para ti, imagina la luna. Tráela a tu ojo mental. Cuando no puedas pensar en nada más, escoge una carta.

Pedro cerró sus ojos. Permaneció sentado, estático, por unos segundos antes de seleccionar una carta. La mística se la quitó y ambos la vieron.

—Tendremos una cita caliente, ¿o qué?

Ella se le quedó viendo.

—¿Y bien? Dime mi futuro.

—Estarás muerto para la medianoche.

Pedro se rio y la acusó de ser una farsante. Se marchó sin pagar y gritó que las cartas estaban en blanco.

La mística no dijo nada, pero sostuvo la carta «en blanco» para que Jess y yo la viéramos. Había un cráneo negro salpicado en ella.

Jess se rio, complacida por la broma que la mujer astuta le había jugado al joven rebelde. Me tomó de la mano y me jaló.

Mientras salíamos, me volteé hacia atrás. La adivina estaba sentada en su escritorio, aún mirándonos sombríamente.

¿Había notado la pistola metida en mi cinturón, y dedujo que Jess me estaba poniendo los cuernos por la manera en que se reía de los chistes de Pedro? ¿O simplemente era una coincidencia que hubiese predicho su muerte la misma noche que yo la había planeado?

Regresamos al calor de verano; el aire estaba saturado con el aroma de comida frita y el canto de cigarras.


  • Adoro el aroma a feria. te da el momento perfecto para matar a alguien, es ruidosa, ay mucha gente ebria, medio pueblo está en ella, cualquiera podría ser el asesino

  • O es muy buena observadora o es vidente de verdad….

  • Como cuando le das una ayudadita a la vidente :V

  • Si le hubiese pagado los 3 dólares, seguro le decía quién era su asesino xd

  • Y la Jessica era infiel con un tipo tan pesado como ese? qué flojera. Una basura menos anyway