Mi hermana y yo siempre fuimos muy unidos. Nuestro papá solía decirnos que nevaría en el Infierno el día que nos viera pelear.

Holly había nacido dos minutos antes que yo, y salió como una bebé robusta, con un par de grandes ojos azules y largos mechones de cabello rizado. Yo vine después, y las enfermeras tuvieron que meterme en una incubadora antes de que mi madre siquiera pudiera verme.

Por supuesto, todo resultó bien al final. Todo menos mi pierna derecha, la cual terminaba justo por debajo de mi rodilla. Los doctores dijeron que era un síndrome raro en donde uno de los gemelos toma los nutrientes del otro. Holly básicamente se había alimentado de mí como un parásito, y mi pierna nunca se desarrolló por completo.

Para ser un parásito, era buena onda.

Mi padre amaba contar la historia de cuando le extirparon el apéndice a Holly. Teníamos cuatro años. Mientras ella estaba en su cama con dolor de estómago, yo les rogaba a mis padres que la lleváramos al doctor. Al final, más que todo para callar mi parloteo incesante, acabaron llevándola para un chequeo rápido y fueron bruscos sobre el asunto hasta que les dijeron que el apéndice de Holly habría reventado en cuestión de una hora. Creo que fue entonces cuando nuestros padres supieron que Holly y yo teníamos un poco de magia.

No era terriblemente útil. A veces le pasaba la mantequilla antes de que la pidiera, o encontraba por ella las cosas que había pasado horas buscando. Siempre que esto sucedía, Holly meneaba sus dedos y hacía una voz de fantasma.

Poco después de que cumplimos dieciséis años, nuestro padre murió al volante por un infarto. Holly y yo nos teníamos el uno al otro, así que fue tolerable, pero apenas. Fue más difícil para nuestra madre. Se encerró en su habitación por días. Al final nos dejó con su hermana para que nos cuidara por tres meses mientras trataba de consolarse, y decidió que la única manera de lograrlo era casándose con Benjamín.

Benjamín era un sujeto de ojos saltones, pequeño pero corpulento. Era un cobrador de deudas, y no de los que tienen la cortesía de tocar tu puerta cuando vienen por su dinero.

Holly me contaba con ojos llorosos cómo Benjamín le tocaba el cabello y le decía lo linda que era. Mi madre, por supuesto, no lo creía. Cuando ella salía de la casa, Benjamín me decía que le fuera a traer una cerveza. Quería estar solo con Holly, pero nunca le hice caso. Me quedaba ahí sentado, viendo el muñón inútil que tenía por pierna, y le decía que no podía caminar a ninguna parte. Incluso él tenía la sensatez de no insistir. Mi mamá solo podía hacer la vista gorda hasta cierto punto.

Después de siete meses de esto, tuve un sueño. Fue tan real que podía oler el humo de cigarrillo impregnado en el aire y podía ver la escarcha cristalizándose en las ventanas. Holly estaba en la habitación de Benjamín. Estaba encogida en una silla y sus grandes ojos azules se desbordaban con lágrimas.

«Lo siento. No agarré nada de tu billetera, lo juro. Solo estab…».

Un ruido fuerte hizo eco cuando Benjamín le dio una bofetada en la cara.

«Si tienes una deuda, la pagas».

Al final, el pánico de Holly le pudo y salió corriendo hacia la puerta. Pero fue muy lenta, y vi las puntas de los dedos de Benjamín agarrándola del cabello y jalándola hacia atrás. Holly siempre había sido muy pequeña, y con un crujido enfermizo, su cabeza golpeó la esquina del escritorio.

Ahora no había ningún otro sonido aparte de la respiración pesada de Benjamín. Con un resoplido, se rascó las costillas y se agachó para desvestir a mi hermana.

Me desperté ante los ronquidos leves de Holly en la habitación vecina. Sabía que había cincuenta dólares que no le pertenecían debajo de su almohada, y podía escuchar a Benjamín buscando algo en su habitación.

Siempre había previsto las cosas terribles que estaban por sucederle a mi hermana. Ella siempre había sido una muy buena persona, y una parte de mí resonaba con su bondad.

Sin embargo, el resto de mí me dijo que escondiera un cuchillo de cocina en mi mano. Y cuando abrí la puerta de la habitación de Benjamín, no sentí nada más que una rabia plácida.

Toda deuda debe ser pagada. Él me enseñó eso.


    • Debería llamarse: cómo salvar a tu gemelo parásito que se comió tu pierna de un malvado pedófilo :v

  • La historia es buena …pero no le veo mucha relación con el título, quiero decir más que algo central en la historia termino siendo un detalle descriptivo y ya

    • Amor de hermanos y lecciones aprendidas,que tierna historia

  • Un giro inesperado, que realmente no me esperaba 😂

  • Buena amigo te luciste.. como llegaste tan lejos parasitó de la vida

  • El título me da mucho por desear, quizá un odio enfermizo entre hermanos o un problema mental o yo que voy a saber pero, fue buen hermano al cobrar las deudas.

  • ¡El mejor parásito del que he leído!
    Menos mal que su mamá no se «infectó» de ese tipo de parásitos solo para bajar de peso 😜

  • Jajaja me esperaba que el hermano fuera el malo y hubiera puesto algo para que la hermana muriera pero buena creepy, los finales felices también me gustan

  • Siempre me llamo la atención el vínculo q tienen los gemelos

  • Al parecer soy la única que piensa que en realidad a quien mato fue a su hermana y no a Benjamin… Después de todo era ella quien tenía la deuda con su hermano por comerse una parte de él en el vientre…. Además en el penúltimo párrafo habla sobre la bondad de se hermana y después dice «sin embargo…» Lo que en narrativa indica una acción contraria a la que se describió anteriormente…. Yo creo que mato a la hermana.

    • No pudo haber sido porque el sueño le contó que Benjamin estaba en el cuarto de la hermana cobrando los 50 dólares que le faltaban, y cuando despertó fue al cuarto de Benjamin para evitar eso. El «sin embargo» se refiere a que a pesar de la bondad que compartía con su hermana, seguía siendo un puto psicópata.

  • Me gusta ver como dos hermanos se quieren mucho y se protegen el uno al otro como si fuesen uno… A mi no me sucede, pero debe ser bonito 😅