No maté a Emilia. No me malinterpreten, quería hacerlo. Pero no lo hice. Desde el momento en que vi a mi esposa teniendo sexo con un imbécil en nuestra cama, algo cambió. El tocador estaba a mi lado, y la cama estaba en el lado opuesto de la habitación… Sabía que podía sacar la pistola del gabinete superior y clavarlos a ambos en la cama antes de que pudieran abrir sus sucias bocas para balbucear las excusas patéticas de por qué debería perdonarlos por arruinar mi matrimonio perfectamente feliz. Pero no lo hice. No soy ese tipo de hombre. En vez de ello, dejé ir al hijo de perra y no he hablado con mi esposa desde entonces.

Unos días más tarde, le abrí la puerta a un oficial de policía que me hizo unas preguntas sobre Emilia. Al parecer, había sido reportada como desaparecida por su madre, quien la estuvo llamando repetidamente. Yo no la había visto por tres días, y honestamente no me importaba. La zorra infiel de seguro se merecía lo que le pasó.

Pasé las siguientes semanas entre interrogatorios y juicios en los tribunales. No les cabía duda de que yo era el culpable. No me sorprendió, debía de ser extremadamente conveniente que el asesino fuese el exesposo de la víctima. Las autoridades debían de ver el mismo caso cada semana de por medio.

Todo el proceso fue descorazonador. Pasé meses tratando de convencer a las personas con que no había asesinado al amor de mi vida mientras era humillado con la incredulidad obvia en sus ojos. No importa lo enfadado que haya estado, nunca podría hacerle eso a Emilia.

Hoy, mientras escribo esto, ha pasado exactamente un año desde que la atrapé en el acto. Me hace mucha falta, pero todos parecen haberse olvidado de ella. Yo también la habría olvidado si no fuera por el hecho de que aún siento su presencia. A veces, creo escuchar su llanto, como si se estuviese disculpando por lo que hizo. Al menos, es así como decido interpretarlo.

Algunas noches escucho sus gritos, pero un dedo o una costilla rota es suficiente para callarla. Hay días que le dan ganas de oponer resistencia, y tengo que sacar el cuchillo. Oh, el terror en sus ojos… Siempre ha sido muy frágil, así que no tengo que despellejarla demasiado antes de que se desmaye. Luego cambio la cinta adhesiva que rompió a mordiscos, y regreso a mi cama acogedora.

Como dije, no maté a Emilia. Le pude haber disparado desde aquel momento que entré a la habitación. Pero no lo hice. Y todos los días me aseguro de que ella desee que lo hubiera hecho.

  • Lo que no entiendo es cómo consiguió zafarse de la acusación? Si, no la mató, pero la privó de su libertad y la está torturando lentamente.

    Pero bueno, supongo que ella se lo busco de todas formas xD (y no terminó de conocer a su marido también xD)

  • Es peor castigo, incluso mas que la misma muerte.