Miguel no era mi tipo de cliente habitual.

No era un amante despechado, buscando venganza. Ni un asesino, queriendo eliminar al único testigo de su crimen. Ni un esposo, hambriento por el seguro de vida de su pareja.

Solo era un sujeto ordinario cuidando a su hermana.

—Normalmente no recurriría a medidas tan… drásticas. Pero Harold se ha vuelto despreciable. La trata como basura. Ella no le importa en lo más mínimo, no creo que nada le importe, aparte de la estúpida banda en la que canta con sus compañeros del trabajo —Se sonó la nariz ruidosamente—. ¿Usted lo entiende, verdad, señor Navaja?

Asentí.

—Pero no quiero que muera.

—Miguel, sabes que soy un asesino a sueldo, ¿no?

—Sí. Pero Nancy necesita sus ingresos. Ha sido una ama de casa por los últimos veinte años. No tiene ninguna experiencia laboral, ni educación más allá de su título de secundaria. No hay manera de que pueda subsistir por su propia cuenta.

—Tú podrías ayudarla, si tienes dinero para esto.

—Lo he intentado. No me deja. Es muy orgullosa.

Suspiré.

—Bueno. ¿pero qué quieres que le haga si no quieres que lo mate?

—No sé, ¡asústalo! Amenázalo. Solo asegúrate de que deje de ser tan terrible con ella.

—Eso es un asunto riesgo-

—Llegarás un domingo por la mañana. Él estará solo, durmiendo hasta tarde; ni siquiera te escuchará entrar —Agachó la mirada, y luego añadió—: Es el único momento que está solo en la casa. El único momento… que le da permiso de salir.

Mi objeción se evaporó y sentí una punzada de empatía.

—¿Tan mala es la situación?

Asintió.

—Está bien. Lo haré.

La casa era una cosita diminuta, metida entre un edificio de arenisca enorme y un supermercado ruinoso. Hacerlo sin dejar testigos sería un reto.

Bien. Me gustan los retos.

Me colé por el patio, usando los arbustos creativamente. Entré por la ventana abierta como Miguel me había dicho.

El cuchillo pesaba en mi mano.

Doblé a la izquierda por la cocina y caminé sigilosamente por la sala. En el centro había un micrófono, un atril y algunas partituras. Los utensilios de bordado de Nancy estaban arrimados en una esquina, abarcando tan poco espacio como era posible.

Entré a la habitación siguiente.

Ahí, en la mecedora, estaba Harold. Profundamente dormido.

Saqué el cloroformo de mi bolsillo. Con la gracia de un bailarín, lo apreté en su nariz.

Y me puse a trabajar.

Visité a Nancy unas semanas después.

Siempre me gusta hacerlo. Pretender que soy un vecino amistoso para ver cómo han cambiado sus vidas a consecuencia de mi trabajo.

Cuando me recibió en la puerta, sus ojos destellaban y exhibía una sonrisa.

—¡Hola! Soy Saúl. Me acabo de mudar a un par de casas de aquí, detrás del supermercado.

—Ah, ¡qué bien! Pasa, por favor.

Me condujo a la sala, y sonreí. El atril y demás estaban tirados en una esquina; el bordado de Nancy estaba desplegado sobre el sofá, ocupando tanto espacio como era posible.

—Saúl, este es mi esposo, Harold.

Él solo se me quedó viendo. Inmóvil, en silencio, pálido.

Y entonces empezó a temblar violentamente, rascándose las marcas frescas y rojas en su garganta.

—Lo siento —Nancy se sentó, con una pequeña sonrisa—. No está tratando de ser grosero. Es solo que… pues, hace unas semanas tuvo un accidente. Y ahora me temo que no puede hablar.

Le dio una palmada en su brazo mientras Harold se aferraba a ella.

—Ni cantar —agregó, con diversión en su tono.

Un «accidente».

Que, misteriosamente, destruyó sus cuerdas vocales…

Y dejó al resto de él intacto.

Podía ver que las manos de Harold estaban temblando, y sus labios tiritaban. Me pregunté si estaría pensando en lo primero que le dije cuando se pasó el efecto del cloroformo.

Si no tratas bien a Nancy, te cortaré la garganta de nuevo.

Y la segunda vez, perderás más que solo tu voz.

Le sonreí a Harold.

—¿Quieres una galleta? —le pregunté, acercándole la bandeja—. Las horneé yo mismo.


  • Si Harold era reggaetonero, don Navajas merece una medalla

    • Denle una cerveza a este hombre. Aunque… pensándolo bien, ¡DENLE UNA DOTACIÓN VITALICIA!

  • Oh qué bien servicio !! Después del trabajo todavía revisa que el cliente este satisfecho .😁😁😁

  • owwww como cuando eres sicario pero todavia haces el bien xD

  • espera un momento …Don Navajas se llama asi en honor a Pedro Navaja ??? OWO

  • No era lo que esperaba, pero estoy satisfecho, es una historia linda

  • Pero que buen servicio, y que buen «vecino» c:

  • Jajaja que cínico, igual eso no quita que después lo pueda reconocer por el rostro o retrato no sé.. yo no me arriezgaría

  • Excelente solución 😏 le quitó lo que más quería, su voz.