Agacho la mirada hacia la ciudad minúscula, desplegada como un lienzo de líneas puntiagudas y rectángulos. El viento silba a mi alrededor. Cierro los ojos.

Hace tres días, desperté con la habilidad del vuelo. No sé por qué. ¿Magia? ¿Mutación? Quizá me picoteó un ave radiactiva, quién sabe.

Lo que sé es que tenía un concepto muy equivocado sobre cómo sería volar. El primer día, estaba demasiado emocionado. Recorrí el interior de mi casa con gran entusiasmo… y torpeza. Choqué en las paredes, en las repisas, en los muebles. Nunca consideré que la coordinación no vendría naturalmente.

Cuando logré moverme por la casa algunas veces sin chocar, hice mi primer vuelo por la intemperie. Fue excitante. Como por cinco minutos. Cuando te has elevado hasta cierta distancia, me di cuenta de que la temperatura cambia drásticamente.

Comencé a abrigarme para poder ir más alto. Vestir con tres capas de ropa, encapuchado y con visores me ayudó a adaptarme. Sin embargo, no me ayudó a detectar los aviones. Increíblemente, pueden agarrarte por sorpresa cuando el efecto de corriente en chorro ahoga todos los demás sonidos.

Nunca consideré el tráfico del cielo. Descargué una aplicación que me ayudaría a crear patrones de vuelo. Y precisamente hoy, mientras trazaba una ruta usando la aplicación, fue cuando hice el último descubrimiento sobre mi habilidad.

El viento silba a mi alrededor. Abro los ojos y contemplo la ciudad de nuevo, ahora más grande.

Nunca consideré que mi habilidad sería temporal.


  • Por alguna razón me recordó a Charlote el anime. Supongo que debió conseguir un paracaídas por si las moscas