Mi nombre es Benjamín y soy un astrofísico. Es posible que haya hecho un descubrimiento enorme, pero dudo que sea el único que lo ha notado. Seguramente hay cientos de científicos que están llegando a la misma conclusión.

Mi rol en todo esto comenzó hace solo algunas horas. Estaba tomando lecturas de la radiación residual cósmica en el observatorio de mi universidad cuando me percaté de algo extraño en uno de los monitores. Una sección del cielo estaba siendo analizada por un programa de computadora que fue configurado por uno de mis colegas, y noté una caída súbita en la señal.

No se cayó por completo, solo disminuyó en magnitud drástica y súbitamente. En donde previamente los píxeles del telescopio digital estaban leyendo números uno, ahora estaban leyendo ceros. Para ponerlo en términos prácticos, las estrellas se habían apagado, pero solo algunas de ellas.

En ese punto, para mí no era más que algo curioso. Dado que mis propios datos aún se estaban compilando, opté por dirigirme al techo para realizar algunas observaciones básicas. Soy un astrofísico, no un astrónomo, así que paso mucho más tiempo contemplando pantallas que a las estrellas como tal. Pero recordé un poco de mis créditos de pregrado y desempolvé el telescopio óptico en el techo.

Hice mi mejor esfuerzo para encontrar la sección del cielo que había experimentado la pérdida súbita de señal. Creí haberla encontrado, pero incluso luego de algunos minutos no pude discernir si algo estaba mal. Como aún me quedaba algo de tiempo mientras mis datos se compilaban, decidí ponerme nostálgico y espiar mis constelaciones preferidas. Primero localicé a Polaris, la estrella que, por un accidente de precesión axial, se ubicó en una posición casi perfecta para guiar a la raza humana hacia el norte por cientos de años. Revisé los mellizos de Géminis, Cástor y Pólux, hermanos de Helena de Troya y la inspiración para los vuelos espaciales a principios de la década de los sesenta. Luego pasé a Orión, una de las primeras constelaciones que un astrónomo de primer año aprende a distinguir. Tracé la forma del cazador justo como lo había aprendido hace mucho. El hombro izquierdo de Orión era Betelgeuse, una estrella extrañamente rojiza. Su otro hombro era Bellatrix, y su pie derecho… estaba ausente. Recordé que se suponía que era la estrella Rigel, un supergigante lejano de alto contenido enérgico.

No la pude encontrar por ninguna parte. Y más extraño aún era que el cinturón de Orión —la famosa línea recta de estrellas— tampoco se veía bien. Confundido, busqué las estrellas más brillantes que pudieran ser vistas desde mi posición en el globo. Ahí estaba Capela. También Sirio, la estrella del perro, brillando intensamente. Pero entonces noté que el Canis Major, la constelación que contenía a Sirio, estaba incompleta: ¡el perro no tenía cola!

La estrella faltante era Aludra, una estrella distante, notable por su estabilidad y utilidad como candela tradicional. Pero mi descubrimiento se sentía fútil, porque no sabía cuál era el significado de todo ello. No estaban Rigel ni Aludra, y había una sensación general de inexactitud en el cielo. Necesitaba más información.

Corrí a la planta baja, a un salón de clases abierto. Agarré algunos materiales, corrí devuelta al techo y comencé a repasar mis observaciones con las referencias apropiadas. Miré el índice de estrellas y finalmente noté un patrón: las estrellas ausentes estaban más alejadas que las demás.

Pasé el resto de la noche realizando una encuesta sistemática del cielo nocturno. Usando el telescopio óptico y mis mapas estelares básicos, elaboré una larga lista de estrellas desaparecidas. Llevé estos puntos de información al laboratorio y construí un modelo computacional usando un mapa de la galaxia en tercera dimensión y delineando las estrellas desaparecidas.

Fue entonces cuando lo noté: todos los puntos de información caían afuera de cierto radio. Había casi una esfera perfecta de estrellas, y todo afuera de esta simplemente se había desvanecido. Un radio interestelar, con cientos de años luz de anchura, englobaba a todas las estrellas visibles y dejaba por fuera a todas las demás.

Desde ese descubrimiento, no he parado de elaborar teorías locas.

Las estrellas no pudieron haberse destruido. Se habrían vuelto novas y lo habríamos visto. Esa liberación colosal de energía probablemente habría destruido a la Tierra.

Entonces, quizá un pedazo de la galaxia simplemente quedó atrapado dentro de la esfera gigante. ¿Pero qué podría causar eso? ¿Quién podría causarlo? ¿Y por qué? ¿La esfera implicaría inteligencia, o podría ser un cuerpo natural?

Quizá ya no nos encontramos en la Vía Láctea. Quizá nuestra pequeña esfera de estrellas fue removida de la galaxia; teletransportada.

He tomado algunas pastillas para dormir, por lo menos para calmar mi mente. Estoy seguro de que, para cuando despierte, la comunidad científica entera estará alborotada por esta información. Pero los dejaré con un último par de datos antes de irme.

El planeta Tierra no es el punto central de esta esfera. El centro perfecto es una estrella ordinaria de clase G, localizada a cientos de años luz de la Tierra, con la cual apenas me familiaricé por medio de una búsqueda en los catálogos estelares.

Finalmente, la idea más inquietante que he tenido es esta: debido a la velocidad en que viaja la luz, sea lo que sea que hizo que las estrellas se apagaran, sucedió hace más de 700 años.


  • Bueno, nadie nota ya nada extraño en el cielo porque están todos cabizbajos en sus teléfonos.

  • Diosito se toma su tiempo para reorganizar el cosmos

    • Algo se esta tragando al universo y convirtiendolo en una esfera cada vez mas pequeña, la tierra no es el centro de la esfera, por lo que eventualmente quedara fuera de ella, es decir, desaparecera o le sucedera lo mismo que a todo lo demas.

  • Todo este tiempo esperando que subieran historias nuevas y ponen esto??? Y una duda que me carcome: por qué pasa de la 110 a la 151?

  • Lo último me dio mucho miedo, y tiene mucha razón, una estrella puede dejar de brillar; al extinguirse pero por la velocidad de la luz nosotros no sabremos que ha muerto sino hasta muchos años después. Hoy en día podemos salir y ver a las estrellas brillar pero eso no garantiza que aún están en su lugar.

    • Pareciera que los telespñcopios son maquinas del tiempo jeje. Vemos lo que paso hace tiempo. 🙁 Y si ya nos morimos y nadie nos ha avisado?

  • Sigan… sigan pidiendo que les bajen las estrellas , vean lo que ocasionan pinche babos@s 🙄🤤😂😂

  • No lo se rick… Donde están las historias 111-150 necesito leerlas :v

  • 💀¿Cada cuanto suben historias nuevas?💀

  • Mientras tanto….. creyendo ver aun luz donde ya no hay nada

  • Ya nada pensando q ahí estaba lo q siempre busqué y ya no ha estado jajaja q estaría viendo

  • Que miedo pensar en que algo así pueda pasar y no nos demos cuenta hasta que ya esté cirniéndose sobre nosotros