—Ah, ¿eres una amante de los gatos? Oh no.

Jake era tan apuesto que incluso una cínica de las citas como Natalie no pudo evitar sonreír ante su respuesta trillada.

—Lo sé, lo sé. Pero solo tengo uno —ofreció Natalie como defensa.

—Uff, eso ni se acerca a la jurisdicción de loca de los gatos —bromeó Jake con un guiño, inclinando la copa de vino ávidamente en su boca.

—Vaya, tranquilo tigre. Caerás dormido antes del postre.

Jake soltó una carcajada.

—Por lo general no soy de beber, pero en serio tienes que probar este Bordeaux. Puede ser el mejor vino que he probado.

Natalie vaciló. «Si no es ahora, ¿cuándo?», pensó. Dejando la cautela de lado, amasó el coraje para decirle a ese hombre despreocupado y asombrosamente guapo que estaba sobria. Mientras las palabras salían de su boca, supo que ese tipo de antecedente podría arruinar las ilusiones.

—Natalie, ¡bien por ti! Mi padre también ha tenido que lidiar con sus demonios. Este mayo cumple diez años sobrio, y no podría estar más orgulloso de él. Ah… Lo siento, ¿te molesta que beba?

Natalie quedó desconcertada. Nunca había conocido a nadie que respondiera tan genuinamente ante su confesión, mucho menos en una primera cita.

—¡N-No, para nada! Vale, eso no es verdad —Se permitió reír—. Hay muchas cosas que son detonantes, pero también es una parte importante del programa que aprenda a lidiar con ellas cuando se presentan. Por favor, no cambies tus hábitos para acomodarte a los míos. Me ayuda al forzarme a mantenerme firme.

—¿Así que es por eso que una mujer tan hermosa como tú no ha salido en una cita por casi un año? Cuando mencionaste que te sentías nerviosa porque han pasado siglos desde que saliste con un hombre, sinceramente no podía creerlo.

Natalie se sonrojó.

—Qué lindo de tu parte. Sí, es cierto que… exponerme sabiendo que ya no me puedo divertir de la misma forma, que no puedo utilizar el alcohol como una muletilla… ha sido intimidante.

—Pues —comenzó Jake, acercándose por el mantel de lino blanco para poner su mano sobre la de ella— yo me estoy divirtiendo mucho.

Su sonrisa desmintió lo molesto que se sentía. No hubo ninguna indicación en el perfil de Natalie ni en las conversaciones por chat subsecuentes de que tuviera una carga mental tan pesada. Lo cierto era que se sentía un poco desanimado.

¿Cómo se suponía que iba a drogar a alguien que no bebe?